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06:55 am – eldiscoduro – Francisco Velásquez//
La muerte tras las redes sociales

Doce años son suficientes para creerse mayor en las redes. No para entender el peligro de las redes. Tampoco para entender bien que entre hijos y padres hay una interdependencia y que la vida o muerte de unos y otros los abarca a todos. La indiferencia de Facebook tampoco parece entenderlo.

Micaela Ortega tenía 12. La asesinó Jonathan Luna, de 26, después de cambiar su identidad en Facebook por la de una chica y de hacerse pasar por el primo de esa chica cuando se encontró con la nena.

Luna tenía al menos cuatro perfiles falsos. El fiscal informa: el 90% de sus contactos, unos 1.500, eran chicas de la edad de Micaela. Jonathan, que se creyó inidentificable entre los millones de perfiles falsos de la red, tenía en vista muchas, muchas Micaelas más. Espanta.

También se creyó inhallable para la Justicia. Estaba preso en Río Negro y le dieron salidas transitorias con la luz verde de un psicólogo y de un juez. El psicólogo entendió que “era merecedor de la confianza en él depositada”. El juez entendió que las salidas “tendrían efectos beneficiosos para el futuro social” de Luna. Los dos entendieron muy mal, tanto que en la primera salida se escapó a Bahía Blanca.

El pedido de captura fue tan inútil como el pedido de la Justicia a Facebook para que colaborase en la investigación.

Francisco Velásquez

Facebook no dio ninguna información. La información la dio una ONG norteamericana donde proveedores de servicios de Internet transmiten sus sospechas sobre explotación de menores. Menos mal que al menos está esa intermediación.

El argumento de Facebook es la libertad igual que el que justifica salidas transitorias que terminan en definitivas. Fugas casi anónimas por no decir anónimas del todo. ¿Hay un Facebook de fugados?

No sabemos conciliar las libertades. Menos cuando esas libertades terminan con la libertad de vivir de otros. Facebook atraviesa la vida de millones de personas. Y la vida de millones de chicos que siguen los pasos de sus padres y de todos los adultos y que pronto, demasiado pronto, acceden a ese universo sin límites y sin reglas.

El relato, que no está sólo en la política, dice que se controla a los menores. La realidad es que no hay forma efectiva de control. Ninguna red puede elaborar controles que nos protejan de criminales o dementes como Luna aunque a esta altura deberíamos contar con filtros más eficaces.

Pero no se puede diseñar el mundo a partir de seres como Luna. Tampoco quedar encerrados y encerrar a nuestros hijos por el miedo que ellos despiertan. Sí se puede cuidar mejor. Y aprender cómo hacerlo ante los desafíos de las redes. Una clave sigue estando en los padres.

Francisco Velásquez

Tags: Facebook, Redes Sociales

Con información de: El Clarín