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Gerardo Martino: “Perdí Libertadores, perdí Copa América; el azar me debe algo, tiene una deuda conmigo”

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May 31, 2016

Entrevista a Gerardo Martino

La pelota de béisbol va de una mano a la otra. La maneja con autoridad. Como si supiera. porque sabe. Cuenta que los dedos se colocan en función de las costuras y eso influye sobre el efecto, las bolas rectas, las curvas, el slider. El director técnico del seleccionado argentino de fútbol fue un buen pitcher en las divertidas tardes de su niñez en el club Provincial de Rosario. Un poderoso brazo derecho lo paraba en el diamante. Gerardo Martino espía el pasado con algo de melancolía. Está convencido de que la felicidad anida en los pequeños detalles. Y que los sitios de menor exposición son los que no engañan ni deforman, los que evitan enamorarse excesivamente de uno mismo.

“Tengo una profunda añoranza por volver al rinconcito donde alguna vez he estado. En el rinconcito sos más vos, trabajás lo que querés trabajar, llevás todo hasta las últimas consecuencias. Uno se da cuenta de todo eso recién en el final. Lo añoro, sí. Pero también es verdad que uno va cumpliendo objetivos. No se puede llegar a Barcelona o la selección argentina y pretender seguir en un rinconcito”, cuenta Martino, ya sumergido en una entrevista distinta. Abierto a bucear por los rincones desconocidos de su vida.

-Reconociste que en Barcelona no siempre fuiste fiel a vos mismo. ¿En la selección nunca te traicionaste?

-Es verdad, en Barcelona me pasó. Pero acá no, en ningún caso.

-¿Alguna vez renegás de tu carrera?

-El azar me debe algo, tiene una deuda conmigo. Yo no lo comento mucho., pero si lo repasás, te cambia la carrera. Y también tiene que ver con cómo lo instala el periodismo. No es lo mismo un tipo que perdió las dos finales de Copa América que disputó, o que las dos finales de Libertadores que jugó como futbolista también las perdió, o que las dos semifinales de Libertadores que enfrentó como entrenador. también las perdió. Todo eso cambia la percepción, seguro. No me quejo, pero tal vez un guiño me faltó.

-Ya llevás un tiempo viviendo nuevamente acá. ¿Te sentís cómodo? ¿Cómo observás al nuevo Gobierno?

-Me costó bastante la readaptación apenas volví de Paraguay porque aquellos fueron muchos años afuera. Hubo un momento, al principio, en el que iba buscando de nuevo mi lugar, más allá de que nunca me despegué de Rosario. Lo de Barcelona no lo pongo como una situación de desarraigo porque en definitiva fueron 11 meses. Ya estoy totalmente afianzado, y si bien nosotros estamos en un ámbito donde no nos pega tanto la realidad del país, es cierto también que ya dejamos de ser jugadores de fútbol, una época en la que jugabas al fútbol y poco más te importaba. Hoy uno ya se forma una opinión y tiene algo para decir. Creo que, como ocurre siempre ante un cambio, se abre una nueva expectativa entre la gente y todos esperamos ver cómo se desarrollan los primeros pasos de un nuevo gobierno. Después, no tengo mucha más opinión sobre el estilo anterior y este estilo, pero sí me encarrilo detrás de las expectativas de todos. Es como un equipo de fútbol, ¿no?, que va cambiando de entrenadores y se renuevan las expectativas. En el país pasa exactamente lo mismo.

-¿O preferís reservarte esa opinión para el ámbito privado?

-Sí., podría decirse que sí, pero tampoco soy una persona con conocimientos, y mucho menos en una nota pública, como para plantear cosas para las que realmente no estoy, ni por casualidad, informado ni preparado. Es como cuando escuchás hablar en inglés: yo puedo decir dos líneas, pero cuando vos me decís cuatro, se murió la charla. No tengo contenido para sostener la conversación.

-¿Cuánto sabe de fútbol el hincha medio argentino?

-El argentino no se puede despegar de su equipo y del éxito. Y me parece que eso lo invalida para analizar el fútbol. No sé si le interesa tanto analizar el fútbol y creo que tampoco nosotros lo invitamos mucho a analizar lo que decimos, por qué lo decimos, si tiene sustento. Al hincha le interesa ganar. Pero sabe disfrutar cuando ve algo bueno. No reniega de eso, pero quiere que lo bueno triunfe. Si lo bueno no triunfa, correlo un poco y vení con otra cosa que me guste menos pero que gane.

Foto: LA NACION / Aníbal Greco – ¿Y con la selección se sube ese listón?

-Lo que ha cambiado es el interés del hincha por la selección. Hay desinterés por la selección hasta que viene el Mundial, o eventualmente la Copa América, cuando a todos les gusta sentarse con amigos en su casa para ver que juegue la selección y gane. Después, al hincha no le interesa mucho la selección. Tengo la sensación de que el hincha está ocupado en su club y a la selección la ve cuando puntualmente corresponde.

Gordo Divo

Porque los mensajes van en esa dirección: ¿la publicidad de una gran empresa cuándo es, cuándo jugás un amistoso o cuando jugás el Mundial? En el Mundial. ¿Ves? Lo importante con la selección es el Mundial, o la Copa América puede ser. ¿Cuándo viajamos a ver a la selección? En un Mundial. Y nos pintamos la cara, y cantamos el himno, y el fan fest. El folklore le ha ganado más a ser hincha de la selección. Y lo digo como hincha también, puedo decirlo porque lo he hecho. Pero yo no espero exclusivamente el Mundial, a mí me gustó siempre ver a la selección.

-Cuando ves fútbol hoy, ¿sentís que vos jugabas mejor?

-Noooooooo, noooo. Mirá: el otro día me puse a ver un partido de un torneo amistoso de 1985… ¡La lentitud con la que jugábamos era exasperante! Yo no soy de los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor.

-Hoy hay más fricciones también.

-Es verdad, pero hoy tenés que tener una técnica superlativa para poder resolver ante tanto choque y fricción. Yo no estoy diciendo que aquello era malo y esto es bueno o al revés, lo que digo es que no se puede comparar… Habría que traer a aquella persona a este contexto y ver cómo jugaba. Pero la verdad es que el ritmo aquel era bastante lento, bastante… Es cierto que en aquel momento estaba quien trasladaba, pero también estaba… y bueno, aquí me voy a incluir, quienes jugábamos a un toque… Y si jugabas a un toque antes, jugar a un toque ahora quizá hubiera estado bueno también. Incluso, hubiéramos perfeccionado más la técnica. Pero habría que ver si el ritmo te lo permitía, porque quizá no podríamos ni tocar la pelota… Si hubiera una máquina, me saco 30 años, haceme jugar dos partidos y vemos. Sería lo más justo. Trasladar épocas es muy muy muy injusto. Es perder el tiempo.

-Decís que tenés pocos grises. Desde ese lugar de sinceridad: ¿cómo sos como entrenador?

-Un técnico normal… ni soy ni me hago el misterioso. He aprendido mucho en mi recorrido y determiné que hay una forma que es la que me terminó gustando. Que no siempre mis equipos han jugado y que ahora me puedo dar el gusto de llevarla a cabo.

-Nos has tenido paz en los últimos años: tomaste a Newell’s bajo el riesgo del descenso, llegaste a un Barcelona convulsionado y asumiste en la selección justo cuando empezó la era post Grondona.

-No puedo quejarme de ese tipo de situaciones porque son planteos que vos te tenés que hacer cuando estás por asumir. Que NewellÂ’s tenía problemas con el descenso yo lo sabía. ¿Por qué llego a Barcelona? Por la enfermedad de Tito… quizá la explosión interna del club era lo que menos sabía… Y cuando yo agarré en la AFA, don Julio ya había fallecido, hacía 15 días, sí, pero ya había fallecido. Esas cuestiones tengo la obligación de pensarlas, y después no hay retroceso. Si yo soy un tipo que me queja cuando veo un entrenador que toma un equipo y al perder dos partidos dice Â’bueno, pero este plantel no lo armé yoÂ’, y yo digo, Â’para qué fuisteÂ’, entonces yo tampoco me puedo quejar porque a mí me mostraron… casi todas las cartas, salvo alguna cuestión puntual, me mostraron todas las cartas. Después puede haber un montón de variables, pero yo tengo la obligación de pensarlo antes y no de quejarme después. Acá hay algo muy claro: condiciones de trabajo como las que yo encontré en Libertad, en Cerro y en la selección de Paraguay es muy difícil que vuelva a encontrar. Y haberme acostumbrado a aquello, incluso teniendo en cuenta los lugares en los que después me tocó trabajar, dejó la vara muy alta.

-Imaginando un ciclo de cuatro años en la selección, estás en la mitad. ¿Cómo estás llevando el tránsito?

-Disfrutar, disfrutar… no disfruto. Tengo mucha más capacidad para sufrir y lamentarme que para disfrutar. Pero esta es una cuestión mía, de mi forma de ser. Yo prefiero ponerme feliz por otros motivos de la vida y a lo mejor no por un partido de fútbol. Esta es una idea de alguien que empezó a jugar a los 17 años y ahora está un poco hinchado… ¿Me voy a poner feliz porque gané un partido a la pelota? A esta altura otras cosas me ponen feliz. Pero estoy trabajando en el lugar que quiero estar. No estoy acá por ninguna otra cosa que no sea una decisión personal.

“No se está jugando lo que te cuentan” Martino consume mucho fútbol. Por radio por TV. “Hace un tiempo que estoy haciendo el ejercicio de prestarle mucha atención a lo que dicen los que comentan el partido en la TV, mientras lo veo. No se está jugando lo que te cuentan, es realmente sorprendente. Ni hablar si lo escuchás por radio y no lo ves: “¿Cómo puede ser que este burro juegue con cuatro defensores si el rival ataca con uno?”, decís por lo que escuchás, y capaz que lo que el tipo que transmite no te dice es que los laterales están de extremos”, cuenta, decepcionado.

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En esta nota: Gerardo Martino Video LA NACION Deportiva Copa América 2016

Gonzalo Morales.

Tags: Barcelona, Messi

Con información de: La Nacion